A huge collection of 3400+ free website templates JAR theme com WP themes and more at the biggest community-driven free web design site

Como ayuda la liturgia a la union con Dios

La espiritualidad litúrgica, por tanto, es aquella actitud cristiana conjunta con la que se reconoce la realidad eminente de la liturgia y se ve en ella la fuente y la cumbre de la vida cristiana en la peregrinación hacia la consumación en el reino eterno de Dios.

1. CELEBRACIÓN VIVA. Por muy numerosas que sean las acciones que preceden o siguen a la celebración litúrgica propia y verdadera, ésta sigue siendo el núcleo central, la acción sagrada en sentido pleno, en la que se da la realidad suprema, la actualización de la acción salvífica de Cristo. Por eso, la primera tarea de la espiritualidad litúrgica es la de realizar de la manera debida esa acción sagrada, y respectivamente tomar parte en ella “consciente, activa y fructuosamente” (SC 11), con una “participación plena, consciente y activa” (SC 14).

Aquí está la primera y más importante fuente, “en la que han de beber los fieles el espíritu verdaderamente cristiano” (SC 14). Esto vale para el sacerdote y para los que sirven al altar tanto como para los fieles (SC 14-18). Nadie debe quedarse inactivo, ser un espectador mudo; más bien todos “participen conscientemente, piadosa y activamente en la acción sagrada, sean instruidos con la palabra de Dios, se fortalezcan en la mesa del Señor, den gracias a Dios, aprendan a ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada…; se perfeccionen día a día… en la unión con Dios y entre sí…” (SC 48). Por eso es necesario alcanzar una comprensión cada vez mejor de las acciones sagradas, para poder “vivir la vida litúrgica” (SC 18). La exhortación que el obispo dirige al candidato al sacerdocio en el rito de ordenación sirve en la medida correspondiente para todos los miembros del pueblo de Dios: “In lege Domini meditantes, videte, ut quod legeritis credatis, quod credideritis doceatis, quod docueritis imitemini… Agnoscite quod agitis, imitamini quod tractatis, quatenus mortis et resurrectionis Domini mysterium celebrantes, membra vestra a vitiis omnibus mortificare et in novitate vitae ambulare studeatis” 22. Esta, pues, es la actitud que se exige para una justa celebración de la liturgia de las Horas (y, respectivamente, de toda la acción litúrgica): “El oficio divino, en cuanto oración pública de la iglesia, es además fuente de piedad y alimento de la oración personal. Por eso se exhorta en el Señor a los sacerdotes y a cuantos participan en dicho oficio a que, al rezarlo, la mente concuerde con la voz, y para conseguirlo mejor adquieran una instrucción litúrgica y bíblica más rica, principalmente acerca de los salmos” (SC 90). Realización suprema e importantísima de la vida espiritual es, por tanto, la celebración viva y genuina de las mismas acciones litúrgicas. Aquí, ni antes ni después, está la cumbre, el contacto auténtico con el Señor y con su obra salvífica, la cumbre de la realidad; aquí sobre todo el Señor está presente en medio de la iglesia que celebra las acciones litúrgicas (SC 7); ¡aquí está la cumbre y la fuente! Precisamente por eso es natural que a continuación yo me deba esforzar por conservar ese contacto, esa realidad, incluso después de que la verdadera y propia acción litúrgica haya terminado: en la oración personal, en la actividad y en el cumplimiento de los deberes de la vida cristiana, en el descanso y en el trabajo, al comer con alegría, de manera que todo, toda mi vida, sea verdaderamente “en Cristo Jesús”. Y también es natural que una vida vivida de esta manera yo la haga desembocar de nuevo, a ciertas horas del día, en una renovada celebración litúrgica como vértice de toda la existencia y de toda la vida cristiana eclesial.

Informaciòn Administrador

Cargando…
Ir a la barra de herramientas